Rosario Central es dueño del clásico rosarino con autoridad. La relativa paridad que hubo anteriormente fue demolida desde el 2013 en adelante. Dos factores internos hicieron esto posible. La Lepra está ensimismada, aturdida y sin capacidad de reacción. Gran parte de su presente se debe a los pésimos resultados que tiene en este duelo.
Los momentos más difíciles de la historia del Canalla construyeron este presente que lejos está de ser una racha tal como se le llama despectivamente. Lo más indicado sería decir que la Acadé está en el apogeo de su paternidad ante la Lepra y que no hay indicios de que esto pueda terminarse en el corto plazo. Es una era de dominio bien definida que se sabe cuándo comenzó, pero no se tiene idea de cuando va a terminar.
¿Qué parámetros habría que establecer para afirmar sin temor a errarle que este momento histórico llegó a su fin? Cuando Newell’s ganó los partidos del 2016 y 2022, la respuesta de Central fue demoledora en todos los sentidos. Y esta pregunta es un tanto compleja de responder, pero allá vamos.
Luego del último clásico ganado por Newell’s con gol de Juanchón García en el Gigante de Arroyito) se disputaron ocho encuentros con un saldo de siete victorias auriazules (seis de ellas consecutivas) y un empate. Para decir que se terminó el dominio del club de Arroyito habrá que poner como requisito que la Lepra gane seis encuentros consecutivos.
Los últimos tres partidos jugados en el parque Independencia fueron ganados por el Canalla (1-0 en 2024, 2-1 en 2025 y 2-0 en 2026). Central no pierde en el Coloso Marcelo Bielsa desde el año 2008 (los números de ese curioso invicto los podés leer acá). Serán diecinueve años sin victorias salvo que la Lepra haga un campañón en el Torneo Clausura y se encuentren en los playoffs. Difícil que el chancho chifle…
Esta supremacía no se construyó de un día para otro sino que es el resultado de un proceso mucho más profundo y complejo que debió atravesar el club de Arroyito entre el 2010 y el 2013 cuando debió pasar tres interminables y tortuosas temporadas en la B Nacional.
El descenso ocurrido un mes antes del mundial de Sudáfrica no fue sopesado correctamente ni por el hincha ni por la nueva dirigencia encabezada por Norberto Speciale. Creían, erradamente, que la Acadé ascendería por el peso de su camiseta y que todos los equipos le rendirían pleitesía a su paso. Nada más alejado de la realidad.
Todo fue sufrimiento y dolor hasta que llegó Miguel Ángel Russo en el 2012 con la misión de ordenar deportivamente al club y lograr el ansiado ascenso. Allí surgió otro reto para Miguelo, estabilizar al equipo en primera ya que está demostrado estadísticamente que más del ochenta por ciento de los clubes recién ascendidos pierden la categoría en ese primer año en la máxima divisional.
El clásico adquirió un valor especial en ese momento ya que Russo sabía que un buen resultado podía actuar como inflador anímico y darle fuerzas a sus muchachos, pero que un mal resultado afectaría psicológicamente a los players. En resumidas cuentas, había mucho por ganar y demasiado por perder.
Newell’s llegaba a ese encuentro siendo el campeón vigente del fútbol argentino y con una soberbia y una altanería por parte de sus jugadores e hinchas que pocas veces se vio. Si la Lepra superaba a ese grupo de desharrapados futbolísticos, el bicampeonato estaba al alcance de la mano. Ya sabemos que sucedió…
La diferencia hasta ese momento era de de ocho partidos a favor de Central mientras que trece años después asciende a veintidós encuentros y la cifra está muy lejos de achicarse dramáticamente sino todo lo contrario. Central sabe que lo gana sin importar como juegue mientras que Newell’s tiene muy en claro que haga lo que haga, termina derrotado.
Todo esto fortaleció a la Acadé y hundió a la Lepra a niveles insoportables. No es casualidad que Newell’s esté peleando el descenso por segundo año consecutivo mientras observa que su rival levanta trofeos, compite permanentemente y cuenta en sus filas con una leyenda como Ángel Di María.
Los resultados del clásico lo tienen aturdido y sin capacidad de reacción. Central tuvo que tocar fondo para resurgir de sus cenizas y entender que no podía volver a pasar por otro infierno como le sucedió entre el 2010 y el 2013. La Acadé es un claro ejemplo de resiliencia deportiva, se reinventó con mucha fuerza y sin perder su identidad.
La Lepra aún no es consciente sobre el lugar donde está parada. El simpatizante disfrazado de fantasma de la B en el estadio Coloso Marcelo Bielsa simboliza de manera gráfica la confusión en la que viven sus hinchas. Central con su dominio salvaje llevó a Newell’s a ese lugar y el Canalla parece no estar dispuesto a dejarle ocupar nuevamente el centro del ring.
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