La salida de Ignacio Malcorra caló hondo en el hincha debido a lo que aportaba desde el juego y a su figura. La relación con la dirigencia se desgastó con su expulsión frente al Rojo. Algunos lo cuestionan como ícono, pero Nacho reúne las condiciones para serlo.
Lo hecho, hecho está y no se puede modificar. La realidad marca que el Lord ya no es jugador de Rosario Central y que seguirá su carrera en Independiente de Avellaneda. La noticia cayó como una bomba en los fanáticos auriazules, pero tampoco sorprendió demasiado viendo como se dieron los acontecimientos.
El punto de quiebre entre el jugador y la dirigencia fue en el partido contra el Rojo donde Central no jugaba por absolutamente nada relevante ya que el equipo estaba clasificado a los playoffs y sólo debía cumplir con el fixture. El Profesor, contra toda lógica, lo hizo participar de ese encuentro cuando había decidido guardar a casi todos los titulares para enfrentar a Estudiantes.
La expulsión de Nacho (fue la primera de su carrera) una vez concluido el doparti en Avellaneda no sólo lo obligó a perderse el duelo decisivo ante el Pincha sino que también generó un gran malestar dentro de la comisión directiva de la Acadé debido a su irresponsable actitud. A partir de allí todo fue cuesta abajo hasta llegar al presente.
Los dirigentes auriazules creen que un referente del plantel del calibre de Malcorra no puede tener ese tipo de actitudes sin consecuencias. Otro hubiese sido el panorama si el contrato del Lord no se vencía a fin de año. La elección de Jorge Almirón como técnico de Central precipitó la decisión del jugador ya que la misma no le dejaba margen de acción. Hasta ahí los hechos que llevaron a este final, ahora vamos con lo simbólico y todo lo que representa el Lord.
Todo esto no invalida el sentir de la gente ya que considera al número 10 un ídolo pese a que llegó al club de Arroyito con treinta y cinco años en el 2022. Sus goles decisivos en los clásicos, los dos títulos obtenidos, su manera desfachatada de ver el juego y su estampa tan particular enloqueció a los hinchas. El mejor momento de la carrera de Malcorra fue en Rosario Central sobre el final de la misma.
Nacho mostró una gran ductilidad y un enorme poder de adaptación. Lo trajo Carlos Tévez para jugar como extremo/carrilero por izquierda, Miguelo le vio algo más y lo transformó en volante ofensivo y más tarde Holan decidió reconvertirlo en doble cinco para que Fideo juegue más suelto. En todos los casos lo hizo de manera magnífica.
¿Todo esto alcanza para ser ídolo? Evidentemente no, pero Nacho se metió en el corazón de los hinchas por sus actuaciones y resultados en el clásico además de los títulos. Jugó siete, empató uno y ganó seis. Los números son elocuentes y contundentes al respecto. Hay gente que cuestiona la elección de Malcorra como ídolo cuando la elección recae sobre los simpatizantes más jóvenes.
A un chico de quince años se le puede enseñar quienes fueron y que significaron Aldo Pedro Poy, Mario Alberto Kempes, Omar Arnaldo Palma, Edgardo Bauza o Ángel Tulio Zof, pero no se les puede pedir que sean sus ídolos. Y es lógico ya que no los vieron dentro de una cancha. Ellos recién empiezan y observaron a otros jugadores como Marco Ruben, Nacho, Quintana o Di María (una bendición para todos). Sus referentes deben salir de los players que vieron jugar.
Si los chicos compran camisetas con el número 10 y su nombre estampado en la espalda y si se cortan el pelo como él es porque sienten que el Lord es su ídolo. Y nadie tiene un idolómetro para decir este sí, este no. Nacho fue ungido como ídolo por el pueblo auriazul transformándose en un ícono del Canalla. El público ya lo está extrañando.

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