Rosario Central perdió la compostura en la segunda etapa y cayó 3-1 ante un Huracán que no encontraba respuestas hasta el torpe penal hecho por Giménez. El riesgo de querer salir jugando siempre desde abajo le costó un nuevo gol, el tercero consecutivo por errores propios. Depende de sí mismo para clasificar.
Si a cualquier hincha auriazul le proponían firmar un empate ante Huracán al momento de conocer la formación del Canalla, automáticamente hubiera dicho que sí debido a las dificultades que había tenido Jorge Almirón para armar el equipo con un Emanuel Coronel jugando de improvisado marcador central derecho ante la ausencia de Luca Raffin por una indisposición estomacal.
La bronca del simpatizante de la Acadé pasa porque el desarrollo del primer tiempo fue netamente favorable para su club ya que al minuto de juego Enzo Copetti definió maravillosamente ante el achique desesperado de Hernán Galíndez para abrir el marcador. Central golpeaba desde el vestuario y no tuvo mayores inconvenientes en controlar al Globo pese a que prefirió hacer correr la pelota y no ser tan agresivo en ataque.
Huracán salía jugando con sus centrales y avanzaba hasta tres cuartos donde Central lo esperaba bien abroquelado. El Quemero casi no lastimaba más allá de un corner o algún esporádico tiro libre. Central buscaba marcar diferencias de contra, pero perdía la pelota muy rápido. El local se mostraba confundido y resignado por no poder imponer condiciones sobre su rival.
El punto de inflexión llegó sobre el final del primer tiempo cuando Enzo Giménez se llevó puesto a Facundo Waller dentro del área y Fernando Echenique cobró penal luego de la revisión por parte del VAR. Jordy Caicedo empató el partido, lo cual significó un durísimo golpe para Central ya que pasó de ganar el partido a irse al vestuario igualado. Allí comenzó la debacle auriazul.
Los goles que se hacen sobre el final del primer tiempo llevan una carga psicológica inmensa e inversa ya que el equipo que convierte levanta su moral de manera notable mientras que el rival acusa un golpe que lo deja groggy. Y eso pasó exactamente en el Palacio Tomás Adolfo Ducó con el tanto de Caicedo. Huracán se fue al vestuario con el ánimo por las nubes mientras que Central se retiró completamente deprimido del campo de juego. Los roles se habían invertido…
Aún así, en el segundo tiempo Central tuvo una chance enorme de desnivelar por medio de Enzo Copetti (su mejor hombre en este partido), pero el chaqueño le quiso romper el arco a Galíndez desde una posición similar desde la cual había hecho el primer tanto y el tiro se fue por arriba del travesaño. A partir de allí, Huracán comenzó a visitar con más insistencia el área defendida por Jorge Broun hasta que pasó lo que se veía venir.
El ataque de guardiolismo que sufren los entrenadores lejos está de terminar. Está bien que le pidan a sus jugadores que salgan jugando siempre desde abajo para asegurar la posesión, pero en caso de tirar una pelota a la tribuna porque el player está presionado por el rival no debería pasar nada. Central recibió tres goles en los últimos tres partidos debido a que los jugadores tratan de cumplir con las exigencias del técnico sin medir las consecuencias.
Facundo Mallo quiso jugar con el Gato Ávila de memoria (¿dónde demonios estaba?) en Mendoza y regaló la pelota que terminó dentro del arco auriazul, el pibe Raffin intentó salir jugando como Franz Beckenbauer presionado por Leandro Díaz y terminó en gol del Decano y ahora fue el turno de Pol Fernández que buscó jugar con Quintana teniendo encima a Bisanz culminando todo en una contra fulminante y el desnivel a favor del Globo.
Es entendible que Luca Raffin por su inexperiencia le haga caso al entrenador cuando le pide que salga jugando, pero en el caso de Mallo y de Pol es inadmisible que no hayan intentado otra cosa para simplificar la jugada. Hablando en criollo, reventarla a la tribuna. Ambos tenían margen para intentar otra cosa que lo que finalmente hicieron y que le costó muy caro a Central.
Si dos jugadores que superaron los treinta años y que son veteranos no se animan a revolear la pelota a la calle, ¿entonces qué queda para un pibe de veinte años? Se supone que Fernández y Mallo tienen la personalidad suficiente como para poder elegir los momentos en los cuales es conveniente salir jugando o directamente tirarla al demonio.
Jorge Almirón debe entender que más allá de los esfuerzos que hacen los jugadores para cumplir con lo encomendado, hay momentos donde no se puede pensar tanto y se debe actuar sin ningún tipo de sutilezas. Tener la posesión de la bocha no garantiza nada, a veces es bueno tirar un pelotazo largo para que el nueve pivoteé y le baje la bocha sus compañeros.
A partir de ese momento no hubo más partido ya que el equipo había empeorado con los cambios. Más allá de la falta de centrales derechos, Ávila no puede jugar de 2 debido a su condición de zurdo. Al Gato se lo veía extremadamente incómodo en esa posición mientras que Coronel había jugado un partido correcto en esa posición.
Pizarro estaba jugando un buen encuentro mientras que Pol se mostró lento durante todo el partido rematando su bajo rendimiento con el error del segundo gol. El gol de Nervo sirvió para decorar el resultado ya que Central no se recuperó nunca del segundo gol del Globo.
El equipo de Jorge Almirón aún depende de sí mismo para meterse en los playoffs por más que sus perseguidores hayan recortado diferencias en esta fecha. Para acceder a los playoffs deberá ganarles a Sarmiento de Junín en el Gigante de Arroyito y a Estudiantes de Río IV en Córdoba mientras disputa la fase de grupos de la Copa Libertadores. La pregunta es si el Canalla podrá sostener el ritmo en las dos competencias…

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