En los últimos meses de 1925, Rosario Central tuvo que devolverle al Ferrocarril Central Argentino la porción de tierra que ocupaba la cancha de los Talleres en el actual Parque Scalabrini Ortíz. De inmediato la dirigencia encabezada por Federico Flynn pensó en comprar un terreno donde levantar un nuevo estadio, sin embargo se desestimó rápidamente, ante la difícil realidad que atravesaba la economía centralista. Por suerte en diciembre de ese mismo año se consiguió que la Municipalidad de Rosario autorice la concesión precaria de los terrenos ubicados en el antiguo Parque Centenario, balcón natural que daba al río Paraná, en pleno barrio Arroyito.
Ya entrado 1926, el club comenzó con los trabajos necesarios para dejar lista la nueva cancha y poder jugar allí a partir de abril, momento en que comenzaba la Copa Vila. Pero como en Central nunca nada fue fácil, se presentaron inconvenientes que demoraron aquellas labores y trastocaron todo lo proyectado. El primero de los problemas fue con el sembrado. Se acercaba el inicio de una nueva temporada futbolística y no se encontraba por ningún lado la hierba necesaria para que el terreno de juego esté en las condiciones mínimas que requería la Liga Rosarina de Football. Hasta que al fin se pudieron comprar las semillas y se procedió a la siembra del campo de juego.
Una vez solucionado el tema del césped y luego de realizar el resembrado con las semillas correctas, hubo que soportar luego las fuerzas de la naturaleza. Se hizo presente un largo período de lluvias que anegó el terreno y volvió a demorar la puesta a punto del campo de juego. Estas dificultades hicieron que se alquile otro predio para la práctica del fútbol auriazul en todas sus divisiones, la canchita del Club Bolsa de Comercio en Ovidio Lagos y 9 de julio no estaba a la altura de las necesidades centralistas. Para colmo en el horizonte se asomaba una nueva edición del clásico rosarino donde le tocaba a Central ser local y un encuentro de tanta trascendencia no se podía realizar en aquel pequeño reducto. Ante esa circunstancia Rosario Central decidió jugar el partido ante Newell’s en el sitio que con el tiempo se transformaría en el orgullo de gran parte de la ciudad: el Gigante de Arroyito. Aunque en realidad en esa época no era tan “Gigante”.
Con la inminente llegada del clásico se extremaron las urgencias y se avanzó con las obras necesarias para poder usar la nueva cancha. Se finalizó una nueva colocación de césped, se construyeron las boleterías para el sector de tribunas populares, se compraron las barandas perimetrales, los arcos y se colocaron las cañerías de los baños y los vestuarios. Lo mínimo indispensable para poder recibir al equipo rojinegro. El día 10 de noviembre de 1926 el Consejo Superior de la Liga Rosarina, luego de una inspección, procedió a habilitar el flamante campo de juego, dando entonces el visto bueno para que el 14 de noviembre se inaugure de forma oficial la cancha de Avellaneda y avenida Central con una nueva edición del clásico rosarino.
La nueva cancha auriazul estaba situada en una zona que todavía se consideraba alejada de la Rosario de esos días, sin embargo, el barrio Arroyito era en esos momentos el sector más populoso de la ciudad, lo que aseguraba una gran cantidad de espectadores en cada partido disputado por Rosario Central. A pesar de lo apartado, el nexo entre el centro rosarino y la zona norte estaba cubierto por el tráfico que subía por la avenida Alberdi y por bulevar Avellaneda. Las líneas de ómnibus B, H y K y los populares tranvías de las líneas 3, 4, 5 y 5 bis acercaban a las multitudes que concurrían al flamante estadio.
Aquel domingo 14 por la tarde, el público se encontró con un verde campo de juego, donde reinaba la cancha de fútbol, rodeada por un cerco de madera color blanco de aproximadamente un metro de alto. Luego seguía un alambrado perimetral y a continuación una tribuna de madera de seis escalones de alto. Esta misma era la que tiempo atrás se había construido en los talleres del Ferrocarril Central Argentino y que se había desmontado y trasladado desde la vieja cancha de la Parada Castellanos. Los arcos de la nueva cancha se encontraban en sentido norte-sur, uno de espaldas al club de Regatas Rosario y el otro a la avenida Central, orientación que sigue hasta nuestros días. Hacia el este, entre la tribuna popular y la barranca que daba al río Paraná, se podía encontrar desde el norte hacia el sur, primero una cancha de básquet, luego un gimnasio al aire libre y a continuación dos canchas de tenis. Por calle Génova cerca de Avellaneda se podía encontrar la boletería y la entrada al estadio se ubicaba en la esquina de Génova y Calle 31, la actual Cordiviola. Todo aquel predio centralista se encontraba rodeado por un cerco alambrado, que, al oeste y al norte alcanzaba los tres metros de alto y por Génova llegaba a los dos metros de altura, sostenido por postes emplazados cada uno a cinco metros de distancia del otro.
Uno de los medios gráficos más importantes de la ciudad, el diario Democracia, informó en su sección deportiva del 13 de noviembre que “un atractivo que indudablemente debe contribuir a engrosar la cantidad de aficionados que concurrirán al field de los auriazules con el propósito de presenciar el trascendental encuentro, es el hecho de que quedará oficialmente inaugurado el nuevo campo de deportes que tendrá Rosario Central, hecho que en sí encerrará una fecha gloriosa para la progresista entidad que ha sido ejemplo de enseñanza y cultura.” El desaparecido periódico rosarino ya vaticinaba la importancia que tendría la inauguración de la nueva cancha para la gran masa de seguidores auriazules.
Metiéndonos de lleno en el partido clásico que inauguró el estadio de Arroyito, Rosario Central contó con el retorno de su máxima estrella, el arquero Octavio Díaz, quien había participado exitosamente con la selección argentina en el Campeonato Sudamericano de fútbol realizado en Chile. Ese trascendental domingo 14 de noviembre, el local enfrentó a Newell’s con los siguientes titulares: Octavio Díaz; Francisco De Cicco y Florencio Sarasíbar; Fernando Fajardo, José Fioroni y Félix Sarasíbar; Arístides Ongaro, Antonio Macías, Armando Bertey, Atilio Coirini y Esteban Indaco. La expectativa por el clásico y por la inauguración del nuevo campo de juego fue tan grande que mucha gente quedó afuera, sin poder entrar a ver el partido. La recaudación fue de $2.515 y como era costumbre, el local se quedó con el 55% y el resto fue para el club contrario.
A las 17 horas, el árbitro Ángel Gámez dio por iniciado el cotejo y a los diez minutos ya se encontraba ganando la visita por dos a cero, gracias a sendas anotaciones de Humberto Libonatti. Cinco minutos después, a los quince del primer tiempo, el delantero centralista Armando Bertey ingresó al área grande rojinegra y el ex defensor auriazul Ángel Rizzi le cometió una infracción, por lo que el árbitro Gámez sancionó penal a favor de Central. De inmediato, el veterano capitán Florencio Sarasíbar se hizo dueño del balón. Famoso por pegarle muy fuerte al balón, Sarasíbar lanzó un fuerte remate a ras del piso y hacia la izquierda del arquero Vogler, anidando la pelota en el arco que actualmente da al Club Regatas Rosario y quedando para siempre en la historia como el primer jugador de Rosario Central en gritar un gol en la nueva cancha de Arroyito. A los 24 minutos, Atilio Coirini sacó un potente disparo que el mediocampista leproso Miguel Castagno pifió al intentar rechazar, venciendo a su propio arco y transformando el encuentro en igualdad.
La multitud auriazul no paraba de festejar y convirtió el ambiente del flamante estadio en un hervidero. Un minuto después de haber conseguido el empate, el conjunto auriazul volvió al ataque y se aprovechó una vez más del sorprendido equipo rojinegro, que vio como se le escapaba la ventaja inicial cuando Atilio Coirini puso el 3 a 2 tras ser habilitado por Indaco. Así finalizó el primer tiempo, con una épica remontada que, del 0-2 inicial, puso a Central victorioso frente a su clásico rival. En la segunda mitad, Newell’s siguió aguantando como pudo los ataques auriazules, hasta que Armando Bertey convirtió el 4 a 2. Resultado final. Ángel Gámez dio por concluido el encuentro y acto seguido el estreno de la nueva cancha de Rosario Central se transformó en un espectáculo grandioso dentro y fuera del campo de juego, con miles y miles de hinchas de Central celebrando la heroica victoria. A raíz de esa caída y de una nueva derrota en la fecha siguiente, Newell’s Old Boys perdió la posibilidad de alzarse con el título de la liga rosarina, que quedó en manos de Tiro Federal. Por su parte, Rosario Central pudo cortar una racha negativa de tres años sin salir triunfante en el clásico de la ciudad.
Ese mismo domingo 14 de noviembre, y a pocos metros de la cancha de fútbol, se dejó inaugurado a las 10 de la mañana, un jardín de juegos para niños, compuesto de hamacas, toboganes y otros entretenimientos. La apertura de esta plaza estaba planeada para el domingo anterior pero el mal tiempo prorrogó la inauguración para siete días más tarde. De todas formas, la apertura de la plaza fue todo un éxito ya que concurrieron más de dos mil personas. Aquella obra, que estaba sobre la actual calle Génova, fue una de las cláusulas que puso la Municipalidad de Rosario para dar vía libre a la concesión del nuevo predio y se encontraba pegada al sector de boleterías populares, ubicadas por Génova antes de llegar a Avellaneda. En un acto de verdadera conciencia social y sabiendo de la importancia que tenía aquel lugar de esparcimiento infantil, el club autorizó a las escuelas de la zona para utilizar el sector de juegos cuando lo deseen, haciendo de esa forma felices no solo a los pibes socios de Central, sino también a todos los del barrio. Comenzaba de la mejor forma el romance entre Rosario Central y Arroyito.
FIN

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