El estadio auriazul celebra un nuevo cumpleaños. Fue gesta de grandes momentos deportivos del Canalla y de la selección argentina en el mundial 78. Diego lo eligió para jugar contra Brasil por eliminatorias en el 2009. Galería de fotos.
Todos estamos acostumbrados a sus formas e imagen ya que crecimos con él custodiando la ciudad y el río, poco y nada queda del estadio a medio hacer de la década del 70 cuando el EAM 78 se hizo cargo del mismo para finalizar las obras de acuerdo a las exigencias FIFA y ser subsede del Mundial 78.
No sabemos si los acontecimientos de 1974 durante la visita de los dirigentes de la entidad madre del fútbol mundial para elegir una de las dos canchas de nuestra ciudad ocurrieron como se narran. Tampoco me extrañaría que todo sea cierto en un lugar tan futbolero como Rosario. Preferimos otorgarle el beneficio de la duda a esta leyenda urbana y creer que es verdad…
Antes de llamarse Gigante de Arroyito era simplemente la cancha de Rosario Central. El nombre con el cual se lo conoce surgió luego del mundial, aunque algunos medios ya lo nombran así en 1977 debido a la sorpresa del escribano Víctor Vesco cuando vio el tamaño del estadio.
Esta cancha transpira gloria. No sólo es la casa del Canalla sino que también alojó a la selección argentina durante la segunda fase del mundial. El despegue del equipo de César Luis Menotti se produjo aquí y no en el Monumental, que la cuenten como quieran…
El Gigante de Arroyito, una de las canchas más hermosas de Argentina y de América, también fue testigo de dos hechos inolvidables para los aficionados al fútbol en general: la Conmebol 95 y el día del abandono. No hay futbolero de bien que no conozca ninguna de las dos historias.
También es un lugar en el cual se vio mucha tristeza como en la eliminación ante Cruz Azul en las semifinales de la Libertadores 2001 y los descensos de 1984 y 2010. Fueron momentos de mucha desazón y bronca, sobre todo el descenso del 2010 que pareció hundirme definitivamente a Central…
Claro que también hubo momentos felices: el gol de Luque que le dio a Argentina el pase a la final del mundial 78, los goles a Unión por el Campeonato 86/87, el gol del Petaco al Mineiro que mandó la serie a penales, el gol del Pachi Carrizo a Crucero del Norte por la B Nacional y los gritos de los clásicos donde los goles de tiro libre del Lord y de Fideo rompieron todos los decibelímetros instalados en el Gigante y zonas aledañas.
Lo vi por primera vez durante el mundial 78 cuando se enfrentaron Túnez y México con triunfo de los africanos por 3-1. Apenas cuatro años más tarde pude conocerlo personalmente en un clásico por el Nacional 82 que ganó Central 2-1 con goles del Patón.
La vida del Gigante es dinámica, no algo estático como ocurrió durante tantos años. Nuevamente está por ser sometido a un proceso de reformas para ampliar su capacidad y cambiar su cara para siempre, ya no queda prácticamente nada del estadio inaugurado en 1926 con un triunfo ante Newell’s.
El tiempo transcurre y la vida avanza para todos, pero el Gigante de Arroyito siempre está allí para mostrarnos que siempre hay un camino de gloria para recorrer. ¡Felices 99, Gigante querido!
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