Rosario Central le ganó 2-1 a Banfield con un gol en contra de López y otro de Campaz. Durante sesenta minutos no supo como doblegar al Taladro, pero todo cambió con la entrada de Di María. Angelito aún no está plenamente recuperado de su lesión, pero su jerarquía marcó la diferencia.
No mereció sufrir de ese modo, pero ya se sabe, goles son amores y el equipo dirigido por Pedro Troglio se encontró con uno a su favor en una contra bien ejecutada y a partir de allí el Canalla vivió un auténtico calvario hasta que apareció en escena su Ángel de la guarda, el omnipotente Fideo.
La molestia física que arrastraba Di María desde el clásico y que lo marginó del empate ante Argentinos Juniors, fue determinante para que el número 11 arranque viendo el partido cómodamente sentado en el banco de suplentes auriazul. Almirón improvisó poniendo en su lugar a Julián Fernández y colocando a Gaspar Duarte en la banda derecha.
Hasta el gol de Mauro Méndez fue un partido favorable de Central donde el Canalla desperdició varias chances, la más clara por medio de Jaminton Campaz, pero luego de la apertura del marcador para el equipo vestido de naranja, todo cambió drásticamente ya que la Acadé se mostró aturdida y confundida.
El equipo de Jorge Almirón estaba para el nocaut, pero este Banfield al que no le sobra nada, no tiene los argumentos futbolísticos necesarios para aprovechar una circunstancia tan favorable ante un rival como este Central. Dejarlo vivo con Di María sentado en el banco no es una buena estrategia.
El técnico del Canalla perdió la paciencia rápidamente y a los quince minutos del complemento mandó a la cancha a su estrella. La pregunta surge sola: ¿Almirón hubiese arriesgado a Di María en caso de ir ganando el partido? Evidentemente no. Fueron treinta minutos en los cuales Fideo en una gamba le dio la razón a Diego Latorre:
«El mejor jugador del fútbol argentino es Ángel Di María y el segundo mejor jugador del fútbol argentino es Ángel Di María lesionado»
Diego Latorre luego del clásico rosarino
El concierto de Angelito fue notable ya que pese a estar disminuido físicamente, su jerarquía siempre se impuso. Su sola presencia dentro de la cancha es motivo de preocupación para sus marcadores. Y eso sucedió en el Gigante de Arroyito pese a haber dado la ventaja de no haberse ocupado de la pelota parada.
La jugada de los goles fueron calcadas ya que en ambas ocasiones hizo lo mismo, centro pasado al segundo palo desde la derecha. La bocha buscó al mismo destinatario, pero con diferentes resultados. En el primer tanto, Santiago López en su afán de impedir que el Bicho le coma la espalda y defina ante Sanguinetti, desvió la pelota hacia el arco. Golazo en contra puede decirse…
Pasaron dieciocho minutos hasta que Di María pudo ejecutar la misma jugada con precisión. Mismo sector, idéntica distancia. La pelota sale de su pie izquierdo con la velocidad y la altura justas para que esta vez Jaminton Campaz le coma la espalda a López y con una palomita cruzada hacia la ratonera del palo izquierdo marque un golazo y desate un delirio colectivo en el Gigante de Arroyito mientras Facundo Sanguinetti volaba para la foto.
Lo ganó con justicia y no lo mereció sufrir. Su as de espadas sigue siendo determinante para marcar diferencias, pero hay cuestiones que Jorge Almirón deberá revisar más temprano que tarde como la titularidad de Jeremías Ledesma. La Copa Libertadores está a un paso y Central aún está buscando el equipo.
Se metió de lleno en la pelea por el liderazgo del grupo B del Torneo Apertura y de la tabla anual, pero es indisimulable que deberá levantar su rendimiento porque los rivales en Lali no lo van a perdonar tal como lo hizo Banfield en la noche del sábado. Central tiene con qué para que no suceda, falta que Almirón le de vuelo al equipo para que tome confianza.

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