
Hagamos un resumen de lo visto hasta ahora. A pesar de la unión que había desde un primer momento entre Rosario Central y el Ferrocarril Central Argentino (FCCA), la relación entre ambos no siempre estuvo marcada por la mejor de las cordialidades. El Club dependía de la empresa para que esta le brindara un lugar donde levantar un campo de deportes y encima las finanzas auriazules eran controladas por el FCCA. A su vez la compañía de capitales ingleses usaba al Club para que sus empleados practicaran deportes y no malgastaran su dinero en otras actividades, ejerciendo el típico control paternalista que mostraban por esos años muchas de estas corporaciones empresariales. En estos idas y vueltas entre club y ferrocarril, muchas veces hubo choques de intereses. Encima en 1903 las autoridades del recién bautizado Rosario Central permitieron el ingreso de personas que no pertenecían a la actividad ferroviaria, algo que la empresa nunca perdonaría. Para los primeros años de la década del 20 los jerarcas ingleses se despacharon con una nueva idea: fundar un nuevo club ferroviario que absorbiera al viejo Rosario Central. Soplaban vientos de cambio y la empresa quería borrar del mapa al populoso Central.
Por aquellos días, una de las cuestiones que plantearon algunos directivos centralistas fue la posibilidad de que el FCCA reconociera oficialmente a Rosario Central. Ya que la empresa tenía tanta influencia sobre las decisiones económicas del Club, vieron con buenos ojos que el Ferrocarril se hiciera cargo de la institución de forma completa. Se pensaba que el Central Argentino tenía los medios propios, sobe todo financieros, para continuar de forma efectiva con el progreso que necesitaba Rosario Central como institución. Para entenderlo mejor, la idea de algunos era que el ya tradicional club centralista formara parte de una empresa privada como lo era el FCCA.
Pero ante ese pedido de reconocimiento oficial, los directivos ingleses no hicieron más que dilatar la respuesta y cuando tuvieron una contestación, en 1925, esta se basó en reflotar el proyecto de fundar un nuevo club, que para colmo si contaría con el reconocimiento oficial del Ferrocarril. Encima, para echarle más leña al fuego, los altos mandos de la compañía propusieron que esta nueva entidad tenga como base a Rosario Central sin siquiera cambiarle el nombre. Un nuevo Club Rosario Central, totalmente fusionado a la empresa inglesa y a la deriva de las decisiones que tomaran los gerentes británicos. A todo esto, tomó más fuerza el rumor sobre la insegura estadía de Central en la Cancha de los Talleres, ya que la compañía tenía cada vez más ganas de recuperar ese terreno que era de su propiedad. La guerra estaba declarada.
Los asociados centralistas se reunieron el 1 de agosto de 1925 en el Colegio de los Talleres. Era preciso establecer una posición ante el proyecto de la compañía ferroviaria ya que el futuro de la entidad se encontraba en grave peligro. En la Revista Bodas de Brillante 1889-1964, dedicada a celebrar los setenta y cinco años del Club, podemos leer los detalles de aquella trascendente reunión: “Pide la palabra el Sr. Poy y manifiesta que Rosario Central es uno de los clubes más viejos de la ciudad, pero no ha progresado más a causa de verse siempre ligado a la Empresa, y que debe optarse por conseguir un terreno propio, liberándose definitivamente de aquella tutela, máxime teniendo en cuenta que hace más de cinco años que se trata de oficializar nuestro Club por parte de la Empresa”. Otro de los oradores de esa noche fue el ex defensor Ignacio Rota, quien tuvo un discurso más radical. El popular “Gordo” indicó el peligro cierto de la desaparición del Club y señaló lo contraproducente que sería el reconocimiento oficial del FCCA ya que de esa forma los socios no tendrían más injerencia dentro de las decisiones de la entidad.
Rota fue más allá, diciendo que si Central se fusionaba con el Ferrocarril mejor era que el Club desaparezca, ya que si se empezaba a formar parte de otro instituto quedarían en el olvido todos los éxitos conseguidos por el querido Rosario Central hasta ese momento. La declamación de Rota finalizó envuelta en aplausos y vítores que no hacían otra cosa más que marcar la decisión de la gran mayoría: la fusión con la empresa era un grave error y formar parte de otro club no era ni siquiera una opción a discutir. El presidente Flynn calmó los ánimos dando cuenta que todavía no se había recibido una propuesta oficial de parte del Central Argentino, por lo que habría que esperar para dar una respuesta. Despejó todo intentó de disolución e hizo notar la importancia de empezar a buscar un lugar para levantar un nuevo campo de juego. Teniendo asegurado un nuevo sitio para el Club, se podía enfrentar a la compañía ferroviaria parados de mejor forma, ya que el nexo más importante de Central con el FCCA era aquella eterna necesidad de que la empresa facilitara un lugar para el funcionamiento del Club. La búsqueda de un nuevo espacio para los deportes centralistas comenzó de inmediato.
Federico Flynn comunicó ante la asamblea del 3 de septiembre que fue invitado a una reunión con la gerencia de la empresa, donde se hizo notar que el nuevo club sería eminentemente ferroviario, que contaría con todo el apoyo de esta y que además se levantaría en la localidad de Pérez, cerca de los talleres Gorton del FCCA. El 10 de octubre se realizó otra asamblea en el Colegio de los Talleres y se informó que se había recibido la invitación del nuevo club, denominado Deportivo Central Argentino, para que los socios de Rosario Central pasen a formar parte de esa nueva entidad. Incluso podían incorporarse aquellos que no pertenecieran a la empresa, pero con la condición que estos no tendrían ni voz ni voto en las asambleas. Ante esa posibilidad los socios centralistas tomaron una decisión tajante: rechazaron la invitación del Central Argentino, expresando que no existía el deseo de afiliarse de forma masiva al nuevo club.
El uruguayo José Scarpa, vocal de la Comisión Directiva, tomó la palabra y propuso un aplauso para el Club Rosario Central “que desde este mismo instante queda libre para siempre de extrañas tutelas”. La aclamación del público presente fue estruendosa, afirmando con esto el deseo de una autonomía total. Acto seguido la asamblea resolvió formar una comisión que se dedicaría a conseguir un espacio que resultara ideal para los intereses y las actividades que se venían realizando por parte del club en su antigua cancha. Los integrantes fueron el presidente Federico José Flynn, Amadeo Victorio Ré, Alfredo Rossi, Venancio Fuggini y el tesorero Mariano Morales. Luego de varias gestiones, en donde se hizo necesario tocar ciertos intereses políticos en las esferas municipales, se logró que el 28 de noviembre de 1925, el Intendente Municipal Dr. Manuel Pignetto y el Honorable Concejo Municipal de Rosario dieron el visto bueno para que Rosario Central disponga de los terrenos que se emplazaban dónde estaba el antiguo Parque Centenario, en el antiguo barrio del Arroyito, al norte de la ciudad. Más específicamente esta porción de tierra se encontraba entre Bulevar Avellaneda, la Avenida Central (hoy Génova), Calle 31 (Cordiviola) y el Río Paraná.
El 16 y 17 de diciembre se completaron otras asambleas de carácter trascendental donde la comisión encargada de reformar los estatutos dio a conocer la decisión de igualar a los socios, brindándoles a todos los mismos beneficios y derechos. Desde hacía un tiempo un grupo de socios adscriptos, apoyados de otros activos, venían reclamando que la masa societaria en su totalidad tenga el mismo nivel dentro del Club, pero chocaban con la negativa de los dirigentes. Sin embargo, tiempo después esa misma dirigencia cambió su parecer y tomó la decisión que dejó contentos a todos. El proceso de emancipación se cerró el 1 de marzo de 1926 cuando el Gobierno de la Provincia de Santa Fe, encabezado por Ricardo Aldao, aprobó el Reglamento General del Club y le concedió a la entidad la tan buscada personería jurídica mediante el decreto n° 5973 que rezaba lo siguiente:
“VISTOS: Con lo dictaminado por el Señor Fiscal de Estado y atento la conformidad manifestada por dicho funcionario, SE RESUELVE: Aprobar los estatutos que se acompañan de la Sociedad “Club Atlético Rosario Central” con asiento en Rosario, reconociéndose a la asociación de referencia en el carácter de persona jurídica, con los derechos y prerrogativas que las leyes acuerdan a los de su clase. Inscríbase; dese en copia al Boletín Oficial y al Registro; expídase testimonio a la Sociedad interesada y archívese.”
En poco más de cuatro meses se había conseguido una cancha, se modificaron los estatutos, todos los socios eran iguales y se logró la personería jurídica. Ya estaba. No se necesitaba nada más. Ahora Central era completamente libre de elegir y administrar su destino sin tener que rendirle cuentas a nadie, solo a los socios, los verdaderos dueños del Club Atlético Rosario Central.
GERMAN ALARCON
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