Que de la mano de don Ángel…

Se cumplen treinta años de una hazaña de nivel mundial, la obtención de la Copa Conmebol por parte del equipo del Viejo Zof tras remontar un 0-4 que parecía lapidario.

Seguramente que si este partido se jugara cien veces más, en noventa y nueve ocasiones se hubiese impuesto la lógica y el Atlético Mineiro levantaba la Copa, pero la vida y el fútbol son impredecibles y aquí están los hinchas auriazules, festejando un título obtenido de manera heroíca.

Nadie en su sano juicio puede sentirse confiado o esperanzado luego haberse morfado cuatro pepas, pero el hincha de Central es una persona muy particular ya que el optimismo le brota por los poros y que necesita algo más que cuatro goles en contra para asustarlo…

La mayor parte del plantel conducido por Zof era made in Granadero Baigorria, por lo cual los jugadores sentían un gran amor por los colores y por el club. Este grupo de chicos salido de las inferiores eran capitaneados por un veterano como el Negro Palma (había regresado en 1992 para retirarse en Central) que a sus 37 años seguía desparramando magia, aunque ahora jugando como volante central.

Don Ángel le había pedido con énfasis un solo player al escribano Víctor Vesco, el talentoso Ruben Da Silva, un nueve del demonio con una técnica elegante. Verlo jugar al Polillita te planteaba dudas tales como no saber si estabas viendo un partido de fútbol o una función de El lago de los cisnes. Era un centrodelantero fino y elegante como pocas veces se vio en Arroyito. No tenía la potencia de un Mario Alberto Kempes o un Marco Ruben sino que lo suyo era la sutileza, te clavaba una puñalada con delicadeza y suavidad más parecido a Víctor Rodolfo Marchetti que a los arriba mencionados. Y encima hacía goles, muchos por cierto.

El 0-4 obtenido en el Mineirão era lapidario no solo para los jugadores sino también para los hinchas y los dirigentes. ¿Cómo demonios se hace para remontar esto? No había antecedentes a nivel mundial de una recuperación de esta índole en una final, al menos en las principales copas continentales que se disputaban en otras partes del mundo, pero siempre hay una primera vez…

Miércoles 19 de diciembre de 1995. Llegó el momento de la verdad. El plantel debía mostrar de qué estaba hecho luego de haber sorteado situaciones bravas e incómodas durante el torneo como el hecho de que jugadores como el Tordo hayan puesto dinero de su bolsillo para poder viajar con la promesa de que luego lo iban a recuperar. Insólito: un grupo de futbolistas profesionales debían pagar para poder jugar…

Eso terminó siendo un aliciente para todos mientras que don Ángel no se guardó nada y decidió tirar toda la carne en el asador para tratar al menos de que la derrota sea más digna. El primer tiempo fue de fábula con los goles del Polillita, del Petaco (un cañonazo desde cuarenta metros que venció las manos de Cláudio Taffarel, el arquero del Brasil campeón del mundial 94) y del Chapulín. 3-0 y a soñar…

Una de las leyes de Murphy es perfectamente adaptable a Rosario Central en cualquier época: si algo se puede complicar, se complica. Y eso pasó en el segundo tiempo. Central se olvidó de hacer goles, el arco de Taffarel pasó de medir 7,32 por 2,44 a medir 1 metro por 0,50. No había manera de hacer ese tanto que mande la final a los penales, pero el milagro finalmente ocurrió…

Omar Arnaldo Palma, uno de los mejores y más influyentes futbolistas de la historia de Rosario Central, tenía guardada la llave para abrir la puerta hacia los penales. El Tordo ya había ganado dos títulos con la Acadé (Nacional 80 y Campeonato 86/87) y buscaba su tercera corona. Para eso había regresado en 1992.

El Negro recibió la pelota a la salida de un corner sobre la platea del río, levantó la cabeza y miró donde estaba Horacio Carbonari, tiró el centro buscando al número 2 (una injusticia, fue una asistencia tremenda) que a esa altura ya jugaba de centrodelantero y el Petaco que entra sin marca le mete un cabezazo tremendo al palo derecho de Taffarel. 4-0 cuando faltaban sólo dos minutos y la copa se iba a Belo Horizonte…

Los penales fueron anecdóticos ya que Central había doblegado la voluntad del Galo con el gol de tiro libre de Carbonari. Ese fue el momento de quiebre del partido. Todo lo que vino después fue para darle forma a una hazaña que será imposible de igualar. ¡Salud campeones!

El Petaco Carbonari recibe el centro del Tordo y pone el 4-0 que mandaba la definición a los penales cuando se terminaba el partido.

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Gonzalo Ferrer

Periodista, especializado en rugby, fútbol y Fórmula 1. Fui el encargado de la ovalada en LV12 de Tucumán desde 1993 hasta 1996. Edité efectosuelo.com.ar, blog sobre Fórmula 1 desde el 2019 hasta el 2023. Cubrí la histórica gira de los Springboks por Argentina en 1993. Acompañé al seleccionado tucumano de rugby en su era de mayor esplendor. Predije la llegada de Lewis Hamilton a Ferrari. También soy el autor de Formulamanía, blog sobre Fórmula 1.

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