
El primer encuentro oficial entre los dos clubes más grandes de la ciudad se dio el 24 de junio de 1905, eso lo sabemos todos. El primer equipo de Newell’s Old Boys, haciendo de local en Plaza Jewell, le ganó 1 a 0, con gol de Faustino González, a la segunda división de Rosario Central, en la recientemente creada Copa Pinasco. Recordemos que, desde su creación en 1905, la Liga Rosarina había dispuesto que su torneo fuera solo para jugadores de segunda división y no permitía a aquellos players que hubieran competido en las copas que organizaba la por entonces Argentine Football Association. Por lo tanto, Rosario Central, al igual que Atlético del Rosario, no podía presentar en el torneo local a su primer equipo, ya que estos competían contra otros equipos de la primera división de Buenos Aires, no como integrantes de la liga porteña, pero si participando de copas nacionales o de amistosos contra otros equipos conformados por jugadores de la división superior porteña.
Para entenderlo mejor, lo que en la actualidad festejan muchos simpatizantes rojinegros, aquel primer clásico con gol de Faustino, no fue más que un triunfo ante un equipo de lo que hoy sería la reserva de Rosario Central. No vamos a desmerecer tan importante victoria, porque si es cierto que fue el primer cotejo a nivel oficial entre ambos clubes, pero no fue la primera vez que se enfrentaron las primeras divisiones de fútbol de cada entidad. Para conocer este dato ignorado por muchos vamos a ver una perla, olvidada en el tiempo y rescatada de una publicación de aquella época.
En la edición del 6 de octubre de 1905, el diario La Nación de Buenos Aires publicó un artículo donde reseñó lo que había sido la liga rosarina de ese año y en un momento de la nota señala que Newell’s Old Boys, luego de salir campeón, desafió a los primeros equipos de Atlético del Rosario y de Rosario Central. Con Plaza Jewell no jugó y con Central perdió por la mínima diferencia. El cronista del matutino porteño destaca que “Si se tiene en cuenta que luchando en el concurso de la Copa de Honor, el Rosario Central venció al Reformer por 9 a 0, y que contra Quilmes fue vencido en tiempo suplementario, que contra Estudiantes venció en un caso 3 a 1 y empató en otro 2 a 2; esa derrota del Newell’s Old Boys por 1 a 0 no ha podido ser más honrosa ni más sugerente.”
Queda claro que el equipo que enfrentó al Newell’s campeón fue el de la Primera División de Rosario Central, aquel que no podía intervenir en la liga rosarina. Sería entonces ese partido de 1905, del cual no se tiene fecha precisa ni goleador, el primero que enfrentó a las primeras divisiones de Rosario Central y Newell’s Old Boys, siendo el club ferroviario el primer ganador en la larga lista de enfrentamientos entre los primeros equipos centralistas y rojinegros.
Al año siguiente, el primer partido por la Pinasco volvió a encontrar a Talleres recibiendo a los rojinegros en la cancha de Villa Sanguinetti: empate en uno y gol de Daniel Green para Rosario Central. En la revancha, Newell’s Old Boys consiguió un aplastante seis a cero. Central seguía sin poder presentar a sus mejores valores. En 1906 se permitió que solo dos jugadores que habían intervenido en copas nacionales pu8dieran participar del campeonato local.
Para comienzos de 1907, la Liga Rosarina creó la Copa Vila para jugadores de primera división y dejó la Copa Pinasco para los de segunda. En la primera rueda del nuevo torneo, el equipo del Parque Independencia volvió a golear, esta vez cinco a tres. En la segunda rueda de aquel campeonato Rosario Central consiguió el primer triunfo oficial ante quien ya era su más acérrimo enemigo. Siendo local frente a más de tres mil espectadores, que festejaron en gran forma los goles convertidos por el español Antonio Vázquez, con un tiro bajo y cruzado, luego de una habilitación de Danny Green y el inglés Percy Jones, dos minutos después y por pase de Ernest Palin. Los dos goles de la victoria de Central fueron conseguidos en los últimos diez minutos de un muy parejo partido.
Un año después se produjo el primer gran escándalo que recuerde la historia del clásico de la ciudad. Rosario Central aspiraba por primera vez al título de la liga local, por lo que el partido de ese año se revistió de peculiares características. El 9 de julio de 1908, la cancha del club Provincial estaba colmada de público y a poco de iniciado el match, Harry Hayes puso en ventaja a los auriazules con dos goles fulminantes que consiguió en apenas dos minutos. Los simpatizantes centralistas bramaban de alegría.
Sin embargo, poco después, el árbitro Roberto González sancionó un penal en favor de los rojinegros que se convirtió en gol y, cuando nadie lo esperaba, Lito González empató el partido. Los hinchas de Central vieron peligrar sus aspiraciones, imaginaron que el árbitro les había robado el partido. Consecuencia: se originó una tremenda e incontrolable batahola, por lo que el match fue suspendido ante la falta de garantías que comprobaron los mismos veedores de la Liga Rosarina, que a los pocos días decidió anular ese cotejo y ordenó volver a disputarlo en una futura fecha.
El 2 de agosto, en la cancha de Gimnasia y Esgrima y ante un lleno total de 4 mil personas, se enfrentaron nuevamente Talleres y Newell’s, en un cotejo que mantuvo en vilo a todo Rosario. La Liga Rosarina de Football dispuso que lo recaudado en tan importante partido fuera a beneficio de Charles Thompset, ex jugador de Rosario Central, que el 1 de julio había sufrido un terrible accidente laboral en el paso de las Cadenas (actual túnel Celedonio Escalada), al ser arrollado por un tren del Central Argentino. Thompset tenía 30 años y había sido un destacado mediocampista que se caracterizaba por su desmedido amor realizar gambetas. Por desgracia en el accidente perdió una de sus piernas.
Volvamos al día del partido. A las dos y media de ese primer domingo de agosto dio inicio el encuentro donde ambos clubes formaron de la siguiente forma:
Rosario Central: Augusto Winn; Zenón Díaz y Howard Grant; Juan Díaz, Daniel Mackenzie, Pedro Wilson, Francisco Recanzone, Tito Corti, Harry Hayes, Antonio Vázquez y Ernest Palin.
Newell’s Old Boys: Stanley Mac Master; José Hiriart y Deolindo Barcelone; Tomás Mooney, Armando Ginocchio y Tomás Dwyer; Manuel González, Caraciolo González, Faustino González, Hugo Mallet y José Viale.
El inicio del cotejo mostró un juego bastante parejo, aunque con el correr del tiempo el conjunto tallarín empezó a tener una leve ventaja, que se materializó cuando Harry Hayes, con un remate cruzado, abrió el marcador a los veinte minutos del primer tiempo. Quince minutos después fue Antonio Vázquez quien marcó un nuevo gol, lo que repitió un par de minutos después para terminar el primer tiempo 3 a 0 para Central. Pasaron solo tres minutos del inicio de la segunda mitad cuando nuevamente Vázquez anotó un gol. Todo parecía terminado, pero la delantera de Newell´s elevó su juego y convirtió tres goles en un sorprendente lapso de diez minutos. Cuatro a tres.
El público en el estadio Mens Sana no salía de su asombro, los centralistas mascaban bronca esperando lo peor y los hinchas rojinegros sumaban a la alegría la ansiedad de estar tan cerca de un milagroso empate. Pero no contaban con el quinteto ofensivo azul, que haciendo gala de todo su exultante juego, logró convertir cinco goles en una impresionante ráfaga de doce minutos: anotaron un gol cada uno Tito Corti, Harry Hayes, Recanzone y por su parte Antonio Vázquez festejó en dos oportunidades.
Resultado final de 9 a 3 para Rosario Central que se dirigía presto al logro de su primer campeonato con una gran actuación de sus delanteros, sobre todo de Antonio Vázquez. El talentoso delantero español nacido en Málaga en 1888, hizo en este match cinco de los nueve goles que le marcó a Newell’s en toda su carrera, siendo el tercer jugador centralista, junto con Edgardo Bauza, que más goles le convirtió al club rojinegro en toda la historia.
GERMÁN ALARCÓN
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