
Rosario Central domina con puño de hierro el historial ante Newell’s Old Boys desde que regresó de la B nacional en el 2013. Las causas de este control son complejas y múltiples siendo la primera de ellas el infierno vivido en la segunda categoría del fútbol argentino.
No es una situación normal la que se está viviendo en el clásico rosarino ya que sus consecuencias se expanden por toda la ciudad afectando a los hinchas de ambos clubes. Inesperadamente el Canalla encontró una manera de jugar el clásico que le permitió estirar la ventaja en el historial obscenamente en los últimos años, más precisamente desde que ascendió nuevamente a la máxima categoría del fútbol argentino en el 2013 tras sufrir lo indecible en la B Nacional durante tres largos y eternos años.
Ese infierno que vivió toda la institución auriazul en ese periodo donde tuvo que conocer canchas en Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y Garupá y jugar en estadios del conurbano profundo endurecieron su piel mostrando una resiliencia notable para absorber los golpes, aprender y transformarlo en algo positivo en lugar de caerse de rodillas a merced de sus rivales. Lo malo de toda esta situación es que nadie se daba cuenta de los que se estaba gestando y que cambiaría al clásico rosarino para siempre.
Newell’s Old Boys estaba atravesando en el 2013 un momento excepcional de su historia ya que se había consagrado campeón del Torneo Final 2013 de la mano de Gerardo Martino y se iba cómodamente al bicampeonato con Alfredo Berti sentado en el banco de suplentes hasta que llegó el partido cuyas consecuencias llegan hasta la actualidad. El equipo del parque Independencia era el claro favorito para quedarse con la victoria en este clásico luego de una pausa de tres años debido al descenso de la Acadé, hecho que terminó siendo su refundación.
La Lepra fue al Gigante de Arroyito envuelta en un clima de soberbia y superioridad moral que no le permitió ver (aún siguen sin hacerlo) que ese encuentro no era uno más. La famosa frase de Gabriel Heinze después de la derrota 2-1 ante el Canalla muestra cabalmente el desprecio de la Lepra (ni siqueira puede decirse rivalidad en este caso) por su eterno rival. Miguel Ángel Russo le dio una paliza táctica a Berti sabiendo que su Central era un equipo inferior al que tenía el último campeón del fútbol argentino en ese momento.
La cuestión no quedó allí ya que a los pocos meses Central debía visitar a Newell´s en el Coloso Marcelo Bielsa, una cancha donde Central tiene un curioso invicto. Ese partido significaba una oportunidad de revancha para la Lepra pero Miguelo le dio otra paliza táctica al entrenador rojinegro. A partir de allí mermó el ímpetu ñulista y se conformó solamente con ser solamente un partenaire del clásico más pasional que tiene el fútbol argentino.
Los resultados conseguidos por el Canalla en el clásico le fueron dando una confianza inusitada a los diferentes planteles y cuerpos técnicos que jugaron lo jugaron, a los dirigentes y a los hinchas. Mientras Rosario Central espera este partido con alegría en Newell’s Old Boys ocurre exactamente lo contrario ya que lo sufren hasta límites desconocidos. Todos sus gestos y posturas parecen ser más una pose que una convicción profunda.
Otra virtud de la Acadé es no haber mostrado soberbia en ningún momento de estos doce años pese a saber que domina psicológicamente el derby. Nunca sobró el doparti, es más, siempre lo encaró con humildad, sacrificio, respeto por su rival y con motivación. Central nunca se subió a ninguna moda pudiendo hacerlo y sólo se limitó a jugar el clásico con el corazón caliente y la cabeza fría.
Las estadísticas dicen que Rosario Central le ganó catorce partidos a Newell’s desde su vuelta a primera, que hubo seis empates y que la Lepra sólo tiene dos victorias en su haber. Estos números sirven para mostrar lo que se esconde detrás de ellos: que la Acadé es amo y señor del clásico rosarino porque entendió como debía jugarlo, por eso la diferencia pasó de ocho a veinte encuentros en doce años.

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