Rosario Central perdió 2-0 con Independiente Rivadavia. No jugó Di María. El plan para frenar a Villa lo privó de tener juego por derecha. Preocupantes rendimientos de algunos jugadores pensando en los playoffs y en la Copa Libertadores. Un equipo anodino y previsible.
Este Central 2026 de Jorge Almirón está inmerso en una montaña rusa emocional ya que es capaz de jugar medianamente bien en algunos encuentros y en otros parece ser un equipo sin ambiciones. No tiene término medio, incluso puede mostrar esas dos caras en un mismo partido.
Prácticamente no quedan ni vestigios del Campeón de Liga 2025, siendo casi el mismo plantel. Toda del entrenador, que busca imponer una idea de juego con la cual no se terminan de sentir cómodos los players. En once partidos jugados en 2026 ya perdió más veces que el año pasado, tres derrotas contra apenas dos.
Esa búsqueda por parte de Almirón no sería tan preocupante si los playoffs y la Copa Libertadores no estuviesen encima. Logró transformar al Central de Holan en un equipo anodino y sin sorpresa salvo cuando juega Angelito, el mejor jugador del fútbol argentino y tal vez de Sudamérica.
La ausencia de Fideo dejó al equipo más expuesto que nunca ya que sus compañeros lo extrañan horrores cuando él no está. Di María se pone el traje de superhéroe cada dos por tres, pero en esta ocasión lo miró incómodamente sentado desde el banco. Fideo debería potenciar al equipo y no ser sólo su salvador.
Lo de Vicente Pizarro en el primer tiempo fue pésimo y ni hablar lo de Pol Fernández, Campaz jugó este partido como si no tuviese ganas de ir al mundial mientras que Enzo Giménez quedó totalmente aislado por la derecha debido a la decisión del técnico de armar el encuentro pensando más en como anular a Sebastián Villa que en buscar la forma de atacar.
Con esta determinación táctica, a Central se le achicó el ancho del terreno quince metros, algo similar a lo que había sucedido en La Bombonera hace un tiempo atrás. Holan aprendió la lección en ese momento y no volvió a hacerlo, ahora habrá que esperar para ver si Almirón tomó nota.
Hasta el golazo de Gómez había sido un partido parejo, pero Central se desmoronó a partir de alli. Dio la sensación de que no iba a poder hacer un gol por más que jueguen tres días seguidos, el 1-0 lo afectó emocionalmente de tal modo que nunca pudo recuperarse. Ah, también jugó horrible.
Franco Ibarra cometió un error rechazando una pelota hacia el medio en lugar de devolverla para el lugar de donde vino y Luciano Gómez aprovechó el regalo para marcar el 1-0. Un rato antes, lo había tenido Enzo Giménez luego de un muy buen corner ejecutado por Pizarro, pero la bocha se fue apenas alta.
Facundo Mallo cometió un error de principiante en la salida e Independiente Rivadavia convirtió el gol que sentenció el partido por medio de Arce. El uruguayo no es ni por asomo el jugador que era hasta su lesión en el Coloso Marcelo Bielsa en 2025. Central ya no se recuperó y todos sus movimientos parecieron lentos, torpes y previsibles.
En la segunda etapa, Jorge Almirón movió el banco y paró al equipo de un modo más previsible ya que sacó a Mallo, puso a Giménez de lateral y a Duarte de extremo. Allí tuvo algunas ocasiones para descontar con lo cual logró maquillar un poco el rendimiento paupérrimo del capítulo inicial.
El gran desafío para el técnico auriazul es encontrar regularidad en el rendimiento del equipo, que no sea tan ciclotímico y que aprenda a jugar sin Di María. Falta muy poco para comenzar los desafíos fuertes del año y Central deberá estar a la altura.
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