Rosario Central cumple 136 años de existencia. Un fenómeno popular que atraviesa todas las capas sociales. El orgullo de sus hinchas de pertenecer. El despertar de un gigante dormido.
Ser hincha de uno de los clubes más populares de la Argentina que siempre intentó escapar de la influencia Bover es un tanto difícil de explicar. Sus orígenes, aunque no son del todo rebeldes, trataron de ser populares. Por eso siempre se buscó llegar a todos los sectores sociales, algo que se consiguió recién en 1925 cuando por fin pudo sacarse al ferrocarril de encima y decidir libremente su destino.
Atravesó horas oscuras y cargadas de angustia a lo largo de su existencia, siendo su peor momento entre 2010 y 2013 cuando jugó tres años consecutivos en la B Nacional. Esos 1.092 días en la segunda categoría del fútbol argentino sirvieron para repensar el club a futuro para que no vuelvan a suceder estos sinsabores.
Central resurgió como el Ave Fénix, cuyo puntapié inicial fue el 19 de octubre de 2013 cuando un Central que estaba readaptándose a la primera división le ganó un clásico memorable a Newell’s. A partir de allí sacó una diferencia abismal en el clásico ya que se jugaron veintitrés partidos con quince victorias de la Acadé, seis empates y apenas dos derrotas.
Además de de romper el clásico, el Canalla pudo pelear en serio en varias oportunidades y conseguir tres títulos: la Copa Argentina 2018, la Copa de la Liga 2023 y la Liga 2025, un hecho casi inédito en su historia. Pero la historia no escribe sólo con lo sucedido en los últimos años ya que también protagonizó dos acontecimientos que marcaron al club para siempre, el Campeonato 86/87 y la Copa Conmebol 1995.
La Acadé se transformó en 1987 en el primer club y único club de la Argentina hasta el momento en salir campeón de manera consecutiva en Primera B (1985) y en la A. ¿Quién terminó segundo en ese torneo? Newell’s Old Boys. No más preguntas señor juez…
Lo de la Conmebol no tiene comparación en ninguna parte del mundo ya que los fanáticos auriazules veían posible que se pudiera dar vuelta un 0-4 en contra ante uno de los mejores equipos de Brasil en aquel momento. ¿Los hinchas contagiaron a los jugadores o fue al revés? Hubo un poco de cada una de las partes para que Central entre derechito en el Libro Guinness de los récords…
Ambas hazañas estuvieron a cargo del legendario Ángel Tulio Zof. Y acá debemos detenernos un momento y hablar de la escuela futbolística auriazul. El fútbol vistoso y bien jugado siempre fue un estandarte de la cultura de la Acadé que casi nunca en su rica historia negoció. Esa manera de ver el juego le permitió tener equipos memorables.
Esa filosofía que nos lleva a los hermanos Hayes, al Gitano Juárez y el Nene Fernández, a los equipos del 71, 73 y 80, a César Luis Menotti y Mario Alberto Kempes, a Pedro Marchetta y Los Pitufos, al Tordo Palma, el Pato Gasparini y el Polillita Da Silva y que continúa con Fideo y Gio Lo Celso.
Esa escuela le hizo ganar a Argentina su primer mundial en 1978 y en 2022. Esa manera de vivir y entender el fútbol siempre ganó por ser mejor que el rival, no por pisotearlo, pegarle o hacer tiempo. Hasta Miguelo (un caballero del fútbol) la usó en 1997 y 2003.
La realidad es otra hoy en día ya que Central está logrando meterse de lleno de manera permanente en la pelea por los títulos que se disputan cada año. Parece estar recorriendo por fin el destino de grandeza del cual se desvió en 1976, 1987 y 2003. Eso molesta y mucho a los clubes que siempre lo veían como un oponente simpático y nada más.
Ser hincha de Rosario Central es un estilo de vida, un asado en el Caribe o en la Ciudad Deportiva, ir a la cancha siempre y participar de cuanto acontecimiento aparezca. Como diría el genial Negro Fontanarrosa: ser Canalla es estar loco en un manicomio feliz.
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