Rosario Central le ganó 2-1 a Aldosivi con Campaz como figura excluyente entrando desde el banco. Error de Ledesma en el gol marplatense. El Canalla manejó el trámite, pero le faltó precisión para plasmarlo en el marcador. Di María debe jugar siempre.
Cuando no encontraba los caminos al gol y se le venía la noche a la Acadé, Jorge Almirón decidió levantarle el castigo simbólico que le había aplicado al jugador colombiano y lo mandó a la cancha para enderezar un rumbo que se había torcido por errores propios y no por la jerarquía mostrada por el elenco marplatense.
Central salió con todo a buscar el partido, pero falló en los últimos metros con una variedad de errores asombrosas: pases imprecisos, pésimas tomas de decisiones y fallas en la definición armaron un cóctel explosivo ya que un viejo adagio futbolero dice que los goles que se erran en el arco rival se sufren en el propio, lo cual era demasiado castigo para un equipo que manejaba el desarrollo a placer, pero que fallaba en la última puntada.
Así se fue el primer tiempo en el cual Vicente Pizarro se decidió a ir hacia delante con sus pases. El chileno está arriesgando un poco más y eso le da velocidad en el traslado al equipo. Veremos si esto es un espejismo o si se transforma en algo habitual.
Alexis Soto jugó un gran partido mostrando firmeza en la marca, proyección y claridad en la salida. El bajo nivel que viene mostrando Sández es un problema que Almirón debe corregir urgentemente.
Julián Fernández fue lo más flojo del equipo debido a su inactividad por lesión y su rendimiento indicaba un cambio cantado para la segunda parte ya que nunca logró desequilibrar a su marcador.
Para colmo Fideo estuvo muy activo, pero llamativamente impreciso, algo muy raro en él. Igualmente tiene una jerarquía que no abunda ni en el fútbol argentino ni en el sudamericano. Angelito es crack total y le alcanza con aparecer una vez por partido. Claro que se extraña a ese jugador explosivo que volvió en 2025. Ya volverá…
El inicio del complemento fue una pesadilla para Rosario Central. A los dos minutos, Ignacio Ovando se equivoca en la salida, pero Andrés Vombergar la tiró por arriba del travesaño con todo el arco a su disposición. El número 29 fue sorprendido por el regalo que le hizo el jugador auriazul. No hay otra manera de explicar lo que erró el delantero del Tiburón.
Cinco minutos después, Jeremías Ledesma se mandó un blooper que Central pagó carísimo. Conan salió a más de treinta y cinco metros de su arco y en lugar de tirar la pelota afuera, metió un cabezazo hacia adelante que quedó corto. La bocha le cayó a Sosa que hizo una volea preciosa y metió la pelota en el arco totalmente desguarnecido desde cincuenta metros de distancia.
Ese 0-1 parcial pareció dinamitar la paciencia de la gente, pero Jorge Almirón estuvo muy rápido y mandó a la cancha a Jaminton Campaz para apagar el incendio que se avecina a antes de que se propague por todo el estadio. Y el Bicho no falló, entró para hacer de las suyas y desequilibrar.
Un centro rasante de su autoría se convirtió en el empate tras un despeje fallido de Zalazar qué terminó metiendo la pelota en el arco marplatense. Sólo habían pasado cinco minutos desde su ingreso por un abúlico Julián Fernández. Central siguió buscando, pero el palo le negó el gol a Copetti hasta que apareció la cuota de jerarquía que Fideo entrega siempre.
Pelotazo cruzado de Angelito desde cincuenta metros, Campaz le come la espalda a Breitenbruch y mete un centro bajo de volea para que Copetti defina, la pelota rebota y le cae mansa ente al Bicho para que ponga el 2-1 con el arco vacío. Delirio en las tribunas pese a los silbidos que recibió por parte de unos pocos hinchas cuando estaba por entrar.
Central ganó, aunque le costó mucho más de lo esperado. Lo buscó siempre, se equivocó y supo corregir a tiempo para darlo vuelta. Ahora debe activar el modo Libertadores para el partido con Corinthians, mientras tanto las tres cuartas partes de Rosario es feliz.
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