Rosario Central viene jugando en modo campeón desde principios de septiembre. La irregularidad lo privó de tener más puntos. Desde el clásico para acá viene mostrando un crecimiento sostenido. Las bajas no disminuyeron su rendimiento. El plantel quiere revancha luego de la pólemica generada por el título del 2025.
Si bien fue protagonista durante todo el año, a Central le faltaba obtener resultados jugando de un modo que agrade a su público y estableciendo diferencias claras sobre sus rivales. En el primer semestre hubo poco fútbol, muchas dudas y algunas puestas en escena que indicaban que Jorge Almirón se marcharía luego de la escandalosa derrota ante Estudiantes en Córdoba por Copa Argentina. Nada de eso sucedió.
Para peor, perdió en su debut ante el campeón elgrano en el Clausura y unos pocos días después quedaba eliminado en octavos de final de la Copa Libertadores ante un endeble y vulnerable Corinthians que en cuartos de final fue víctima del Pincha. Central pagó muy caro los goles errados en el Neo Química Arena.
A esa altura, la buena actuación ante River con triunfo incluido en el Monumental parecía cosa del pasado. Los nubarrones no se disipaban en Arroyito, pero algo cambió gradualmente más allá de los silbidos en contra del entrenador que atronaban en el Gigante de Arroyito.
El equipo comenzó a marcar diferencias sobre sus rivales, incluidos los tres encuentros en los cuales sólo cosechó dos unidades de nueve ante Talleres, Gimnasia y Esgrima La Plata y Newell’s old Boys. No jugó mal esos compromisos, pero tuvo errores puntuales que le costaron muchos puntos.
El primer tiempo ante la T mostró un rendimiento paupérrimo del equipo, pero en el complemento se llevó puesto logrando empatar un partido muy difícil. Ante el Lobo lo condenó el error casi infantil de Mallo, en un duelo que el Canalla no mereció perder.
Lo sucedido en el clásico merece un análisis aparte ya que Central agarró de las solapas a la Lepra y la metió en su arco durante gran parte del encuentro. Si es por merecimientos, el Canalla debió ganar 2-0, pero el único error que cometió lo pagó carísimo quedando su rendimiento totalmente desdibujado.
Almirón se equivocó al armar una línea de cinco en tiempo de descuento ante un rival que tenía la pelota, pero que no llegaba con claridad. Si el cambio hubiese sido en otro lugar de la cancha (un volante o un delantero) para enfriar el partido y perder unos segundos, estaba bien.
Meter a Zaracho frío a defender en esa última jugada desconcentró al resto de los defensores auriazules ya que Ávila y el paraguayo fueron al mismo jugador mientras que Ovando no sabía a quien marcar, Coronel no llegó a salir en la foto y el Zorro Cóccaro aprovechó el regalo para empatar el partido.
Luego de ese doloroso empate, el Canalla ajustó las tuercas y comenzó a ganar sin cometer tantos errores y estableciendo una clara superioridad sobre sus rivales. Tigre, Argentinos Juniors, Estudiantes, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán se rindieron ante el poderío auriazul. La única mancha gris fue el empate ante Banfield luego de haberle ganado la final de la Supercopa al Pincha. Stop.
La final de la Supercopa no fue un partido de noventa minutos para Rosario Central, sino un encuentro que duró diez meses exactos comenzando el mismo el 22 de noviembre de 2025 con el famoso pasillogate en el Gigante de Arroyito y culminando el 26 de septiembre de 2026 en el estadio Madres de Ciudades de Santiago del Estero.
En ese lapso el plantel auriazul fue ninguneado, maltratado y humillado en todas las canchas en las cuales debió presentarse. Era lógica la carga de adrenalina y tensión que se había juntado durante ese tiempo. Central quedó extenuado psicológicamente luego de ese partido, basta con ver los festejos en el Monumento para darse cuenta que no sólo fue una celebración, sino un desahogo para los jugadores.
Play. El Canalla había mostrado un rendimiento superlativo ante el conjunto platense ya que lo redujo a la mímima expresión con un Di María intratable pese a comenzar perdiendo el duelo al minuto de juego. Esa final fue liberadora para Central ya que a partir de ese momento se comenzó a ver su mejor versión de la temporada. El plantel se sacó un gran peso de encima en ese momento.
En el siguiente partido no solo borró de la cancha a quien era hasta ese momento líder de la tabla anual, Independiente Rivadavia, sino que lo goleó 5-0 con una actuación descomunal de todo el equipo. Ese resultado y el rendimiento moestrado le insuflaron ánimos a un plantel que quiere ser Campeón de Liga 2026 para acallar todas las cosas que se dijeron en el 2025 sobre el título que le otorgó la Liga Profesional una vez terminada la fase de grupos del Clausura.
En Tucumán debió jugar con un mediocampo remendado siendo superior al decano durante tres cuartas partes del encuentro, incluso se recuperó del golpazo que significó el empate de los tucumanos sobre el final del primer tiempo con una gran actuación en el complemento que le permitió traerse los tres puntos que lo mantienen con altas expectativas en la definición de la temporada.
Rosario Central dejó sus dudas atrás, se comenzó a mostrar como un equipo sólido y decidió pelear por el título de la tabla anual con determinación y énfasis. Comenzó a crecer en la recta final del año luego de atravesar algunos momentos duros durante la temporada. De los candidatos a la corona, es el que mejor está jugando, aunque no depende de sí mismo, pero la mejor noticia es que el Canalla está de vuelta y dispuesto a no rendirse tan fácilmente.

