El festejo de Rosario Central mostró alegría y algarabía por un lado y rabia contenida por otro. No fue sólo la celebración de un nuevo logro sino también un desahogo enorme luego del maltrato recibido por el club desde el 2025.
Los sucesos acaecidos desde el pasillogate hasta la actualidad derivaron en un hecho que aún no se puede dimensionar correctamente: el combustible necesario para darle fuerzas a Rosario Central tanto a nivel institucional como deportivo.
El Canalla viene creciendo a un ritmo intenso en los últimos años ya que se agrandó el Gigante de Arroyito, se mejoraron todos los predios, se está expandiendo a Funes, comenzó la obra del NCA, mejoraron las inferiores y se consiguieron tres títulos desee el 2023 en adelante.
El proceso iniciado por Gonzalo Belloso y Carolina Cristinziano a fines del 2022 preveía todo lo que está sucediendo institucional y deportivamente. El no pasillo desató bronca tanto en los jugadores como en el cuerpo técnico y la comisión directiva. Juan Sebastián Verón y compañía no hicieron otra cosas que acelerar un proceso que tenga al Canalla como gran protagonista.
El presidente de Estudiantes, en su afán por disputarle el poder a Claudio Tapia, pateó un hormiguero repleto de hormigas azules y amarillas. Los jugadores auriazules tragaron veneno luego de lo sucedido en el Gigante de Arroyito y se comieron un baile histórico en Córdoba, pero jamás le echaron la culpa a nadie por lo sucedido.
Central siempre buscó revancha dentro de la cancha, sin chicanas, atajos, ni coartadas. Los players no pusieron ningún tipo de excusas, simplemente esperaron su oportunidad. Por ello nunca dijeron ni una palabra de más. Se la bancaron como unos duques.
Este plantel auriazul fue ninguneado, vilipendiado, maltratado, destratado y humillado durante un año. Si ganaba era porque siempre lo ayudaban, pero si perdía era un acto de justicia divina. ¿En serio piensa el resto de los hinchas que se iban a quedar callados y nada más?
Los jugadores de Central consideran al pasillogate como una traición ya que los players del Pincha nunca les dijeron detalladamente que iban a hacer. Es mentira que se acercaron al vestuario auriazul para explicar lo que habían preparado.
Allí nace todo el malestar y la bronca del plantel que se fueron acumulando hasta el día de hoy. Los jugadores entienden que la movida pergeñada por Juan Sebastián Verón sirvió para dejar expuesto al Canalla y que a la AFA no le hizo ni cosquillas.
Para que haya un equipo campeón debe haber una mancomunión entre dirigentes, jugadotres y cuerpo técnico. Todos deben hablar el mismo idioma, pero Central le agregó un actor más, el hincha. El simpatizante auriazul aprendió a exigir, defiende al club de sus amores ante el salvaje ataque mediático del cual es objeto el Canalla y se acostumbró a festejar seguido.
Los cuatro títulos ganados en los últimos ocho años son la gran referencia que tienen los hinchas junto a la paternidad escandalosa que ostenta Central en el clásico. Esta generación de seguidores auriazules está plantada de otra manera. Nada de ganar algo de vez en cuando. No quieren que se repita la situación de estar veintitrés años sin ganar un título.
Los persistentes, armados y demoledores ataques hacia el Canalla lograron unir a todos. Por eso el festejo en el Monumento no fue sólo una demostración de alegría, sino también un desahogo debido al constante hostigamiento que vienen sufriendo el plantel y el club por parte de los medios porteños. La lista de perioperadores que destrozan a Central es larga.
Y la peor noticia para todos ellos es que un proceso que iba a llevar más años para finalmente instalar a Central entre los clubes que ganan títulos regularmente, se acortará escandalosamente dibido a que el Canalla consiguió el combustible necesario para afrontar esta etapa. Se vienen bellos momentos para el pueblo auriazul

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