Cuando el Gigante se vistió de gala

El estadio auriazul fue subsede del mundial 78 jugado en nuestro país. Argentina debió disputar los tres encuentros de la segunda fase en la cancha auriazul. Un repaso a casi cinco décadas del primer título de la albiceleste. Rosario fue fundamental para este logro.

¿Cuánto hay de mito y cuánto de cierto en la elección de la cancha para el mundial 78 en nuestra ciudad? Lo concreto es que Argentina fue confirmada como sede del mundial 1978 en 1966 y que a medida que se acercaba el tiempo comenzó una dura disputa entre siete ciudades por ser una de las subsedes elegidas para tan magno acontecimiento.

La prueba más concreta de esta pelea fue la postulación de Tucumán con un estadio que tenía maqueta, planos y predio (La olla en Yerba Buena que hoy es una pista de mountain bike y enduro) listos. Para ser exactos dicho proyecto estaba ubicado en un local en 25 de mayo y San Martín de la capital tucumana, justo enfrente de la iglesia de San Francisco y de la gobernación.

Finalmente fueron confirmadas cinco subsede para recibir el máximo acontecimiento futbolístico a nivel mundial: Buenos Aires (dos estadios), Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata quedando fuera de la competencia Tucumán y La Plata.

¿Pero que pasó por estos lares? Rosario Central y Newells Old Boys entablaron una lucha implacable para quedarse con la subsede. Más allá de los vínculos políticos de Antonio Rodenas y Víctor Vesco, la contienda se dirimió mediante dos viajes con los veedores que envió la FIFA: uno desde el Palacio Vasallo hasta el parque Independencia y otro hacia Arroyito.

Y aquí comienza el mito (¿o no?) ya que se asevera con mucho énfasis que el trayecto hasta la cancha de Newell’s estuvo plagado de inconvenientes para los inspectores ya que hubo un tráfico inusual y muy cortado debido a las luces rojas que interrumpían el paso mientras que para ir al Gigante la gente de la FIFA pudo hacerlo sin ningún tipo de complicaciones aprovechando una inexistente onda verde en 1974. Parece que hubo un par de muchachos bastantes traviesos que toquetearon la onda de los semáforos que llevaban hacia ambos destinos…

Luego hubo una primera batalla ganada por la dirigencia de la Lepra, pero Tito Rodenas hizo gala de sus contactos políticos y la cancha ubicada en la zona norte de nuestra ciudad se quedó con el premio mayor. En 1976 comenzaron los trabajos que abarcaban la construcción de las dos populares altas, la finalización de la platea del río y la construcción desde cero de las torres de iluminación junto a los vestuarios y demás obras de infraestructura. Todo estuvo a cargo del EAM 78 y al Canalla las reformas le costaron cinco veces más de lo previsto, al igual que a River Plate y Vélez Sarsfield.

Y llegó el día de la inauguración. La misma fue el 2 de junio de 1978 con el partido entre México y Túnez con una inolvidable victoria de los tunecinos por 3-1. En el conjunto azteca jugaba su primer mundial el legendario Hugo Sánchez. La cancha albergó dos partidos más en fase de grupos (Polonia 1 – Túnez 0 y Polonia 3 – México 1), pero la locura absoluta se iba a desatar en la segunda fase con la presencia de Argentina. Stop.

La selección dirigida por el legendario César Luis Menotti integró el Grupo A junto con Hungría, Francia e Italia. El seleccionado terminó segunda en el grupo A con cuatro puntos tras perder 1-0 con la Azzurra (gol de Roberto Bettega) en la última fecha. Argentina les había ganado 2-1 a los magiares en el debut y a los franceses en la segunda fecha.

Esta derrota un tanto inesperada condenó al equipo nacional a mudarse a Rosario para jugar la fase final con Polonia, Brasil y Perú en la zona B. Lo que en un principio parecía un retroceso terminó siendo un hecho fundamental para la moral del plantel.

Argentina había mostrado muchas dudas en Buenos Aires debido a los nervios y a la presión excesiva sobre el equipo. Le costó mostrar buen juego mientras que Mario Alberto Kempes pasó totalmente desapercibido en esa primera ronda. En ese momento se dudaba de que el cambio de aire le cayera bien al plantel dirigido por César Luis Menotti ya que todo se había armado para que la selección solamente juegue en Buenos Aires.

La derrota ante la Azzurra cambió los planes de la FIFA dejando al seleccionado sumido en la incertidumbre ya que todos los integrantes del mismo preferían seguir jugando en el Monumental. Afortunadamente, la historia sería otra y la obtención del primer título mundial para Argentina se iba a gestar en Rosario, más concretamente a orillas del río Paraná.

Play. El apoyo de la gente fue clave para que la selección hiciera del Gigante de Arroyito (aún no se llamaba así, el nombre apareció más adelante) un bastión inexpugnable. Primero enfrentó a Polonia ganando 2-0 con un doblete de Mario Alberto Kempes.

El Matador tuvo una actuación descollante e incluso cometió el más bello penal hecho por un jugador de campo en la historia. Ubaldo Matildo Fillol quedó descolocado ante un centro y el número 10 voló como si fuese un arquero para impedir el gol polaco estirando su mano derecha. Penalazo que el inmenso Pato le atajó a Deyna. Osvaldo Ardiles fue otra de las figuras del encuentro ante un equipo que había finalizado en el tercer puesto en el mundial anterior.

El siguiente compromiso fue ante Brasil. Es increíble pensar como dos planteles que tenían tan buen juego se hayan dedicado a molerse a patadas. El Pato tuvo tres mano a mano prodigiosos para salvar el arco argentino y el Negro Ortíz erró un gol imposible ante el achique desesperado de Emerson Leão. 0-0 y punta compartida con Brasil, el sueño de la final estaba más cerca que nunca…

El 21 de junio llegaban malas noticias para la selección desde Mendoza ya que Brasil le ganaba 3-1 a Polonia y obligaba a la Argentina a ganarle a Perú por más de tres tantos de diferencia para acceder al partido definitorio. La cancha de Rosario Central era una caldera con los hinchas metiéndoles muchísima presión a los peruanos antes de comenzar el encuentro.

Argentina la pasó mal al principio del encuentro con un remate de Oblitas que rozó el palo izquierdo de Fillol y un tiro de Muñante que pegó en el palo. Lis dirigidos por Menotti no la pasaban bien producto de sus nervios y de la ansiedad que la dominaban frente a un buen equipo como tenía Perú en esa época. Hasta que Mario Alberto Kempes se puso capa de superhéroe y abrió el marcador.

Un rato más tarde el Conejo Tarantini metía el 2-0 para irse al descanso sabiendo que sólo faltaban un par de tantos para jugar una nueva final, la primera en cuarenta y ocho años. El Matador estiró la ventaja apenas comenzado el complemento.

Cuatro minutos más tarde, Leopoldo Jacinto Luque le dio el pase a la final tras desviar un cabezazo espectacular de Daniel Alberto Passarella que llevaba destino inexorable de Red. Los tantos del Loco Houseman y del Pulpo sirvieron para darle forma a un resultado formidable.

Lo que no estaba en los cálculos de nadie terminó siendo fundamental para que Argentina gane su primer mundial en 1978. Si bien la final se jugó en la cancha de River Plate, el equipo dirigido por César Luis Menotti dio un giro ciento ochenta grados y comenzó a ganar el torneo en Rosario a orillas del Paraná. Sí, en el mismísimo Gigante de Arroyito, aunque nadie lo llamara así en ese momento. El resto es historia.


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Gonzalo Ferrer

Periodista especializado en fútbol, rugby y Fórmula 1. Fui el encargado de la ovalada en LV12 de Tucumán desde 1993 hasta 1996. Cubrí la histórica gira de los Springboks por Argentina en 1993. Acompañé al seleccionado tucumano de rugby en su era de mayor esplendor. Edité Efecto suelo y Formulamanía, blogs sobre Fórmula 1 desde el 2019 hasta el 2025. Predije la llegada de Lewis Hamilton a Ferrari. Entrevisté a Gabriela Sabatini.

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