
Rosario Central empató con Banfield jugando muy mal. Fue dominado durante la mayor parte del tiempo. Demasiados puntos bajos. Se aleja de la tabla anual. Buen partido de Ledesma.
Lo que se vio en el sur del Gran Buenos Aires no fue lo que el hincha auriazul imaginaba o deseaba en cuanto a rendimiento al menos. El resultado final puede llegar a confundir a cualquiera que no haya visto el encuentro ya que el punto obtenido fue demasiado premio para Central teniendo en cuenta el desarrollo del match.
Que un equipo salga a jugar un encuentro del modo en que lo hicieron los dirigidos por Jorge Almirón luego de ganar una final es un tanto frustrante. Y más teniendo en cuenta que debía ganar para poder seguir peleando por la tabla anual.
El tema no pasa por si podrá ganarle o no a Independiente Rivadavia en el Gigante de Arroyito sino por la cantidad de puntos dejados en el camino de una manera tan poco elegante en aquellos partidos en los que debía dar un salto de calidad.
La Acadé pareció un equipo tirado en la cancha que fue superado durante todo el partido por un Banfield más que limitado al cual sólo le alcanzó con mostrar orden y determinación para ser superior. ¿Central? Bien, gracias, se quedó enganchado con los festejos post título…
El Taladro salió con el objetivo de quitarle la pelota a Central para poder manejar el trámite a voluntad. La receta era presión alta para recuperar, anular a Fideo para que la Acadé no tenga poderío ofensivo y atacar de manera vertiginosa sin ningún tipo de pausa. Eso sólo le alcanzó para superar a unos de los planteles más caros del fútbol argentino. Preocupante.
A Central lo sostuvieron solamente Jeremías Ledesma e Ignacio Ovando. El resto de los players, aplazados. Conan y Nacho fueron los únicos que entendieron que este partido era una final y así lo jugaron. Un equipo que aspira a ser campeón no puede mostrar un nivel de rendimiento tan bajo en sus jugadores.
El arquero, más allá de algún rebote innecesario y de su falta de confianza, tuvo cuatro atajadas muy buenas mientras que el defensor debió redoblar esfuerzos para cubrir las espaldas de los centrales y de su compañero de zaga, quien se mostró más preocupado por meter un cambio de frente exquisito desde cincuenta metros que por marcar al rival. Balboa, agradecido.
Recién en los últimos quince minutos del partido se acordó de jugar. Almirón no desarmó nunca el doble cinco (Ibarra y Navarro no pueden jugar juntos ya que se chocan en lugar de complementarse) mientras que los cambios fueron tardíos. Le costó reaccionar ante un rival muy limitado.
Tuvo que superar la dificultad de la lesión de Gaspar Duarte en la primera etapa ya que su reemplazante fue el cada vez más insulso Julián Fernández que no le aportó absolutamente nada al equipo. Y con Di María aislado y fastidioso, todo se hizo cuesta arriba.
Un equipo que es candidato al título no puede bajarse de la pelea de una manera tan vergonzosa. El Canalla decidió de manera unilateral no luchar por ser el Campeón de Liga 2026. Mientras sus rivales suman y le sacan distancia, Central se complicó la vida solo. Necesita un milagro para ser campeón de la anual.
El principal rival del Canalla es su irregularidad manifiesta sumado a los errores no forzados que comete en cada partido. Para ser candidato en serio a algo, deberá mejorar dramáticamente su rendimiento porque sino, dejará pasar el tren una vez más.




